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sábado, 23 de octubre de 2010

El virus. Capitulo 1

“La pandemia por VIH causa estragos en África, juntaba con el hambre están letales en el continente.
“Los líderes mundiales temen que el Sida se extienda por el mundo”
“Se cierran los aeropuertos por la prohibición de volar a los países afectados”
“Las autoridades advierten que cada día muere más gente en todo el globo y que son varios los países del primer mundo que se ven afectados por el mortal virus”
“Una enfermedad que antes se proliferaba entre la gente más pobre y los países menos desarrollados es ahora un peligro para todos, propagándose con gran rapidez”

Cada titular que Dante iba releyendo de su gran colección iba a peor.
Con aire compungido observada aquellas noticias que conservaba desde hacía ya algunos meses. Las cosas estaban empeorando a pasos agigantados.
Hacía más de un año que lo habían despedido del laboratorio gubernamental para el que trabajaba.
Estaban con la creación de un nuevo virus cuando él detectó una anomalía y un día le dieron vacaciones para luego decirle que ya no volviera.
―Hola, vida ―la dulce voz de Brisa lo apartó de sus pensamientos―. ¿Otra vez leyendo lo mismo?
Una mujer de veintinueve años, cintura de avispa y estatura media. Ojos de un marrón chocolates, muy expresivos y siempre sinceros. Labios carnosos, sensuales y sabrosos.
Él un hombre que pasaba la cuarentena, doce años mayor que ella. Se conservaba bien, demasiado incluso.
Ni una sola cana opacaba su pelo negro como el carbón, que enmarcaban una cara de rasgos fuertes, masculinos y sensuales. Un hombre atractivo. Hombros anchos, nariz recta, mentón cuadrado. Ojos del mismo color que el pelo. Manos grandes.
Músculos marcados daban cuenta de las horas de entrenamiento que había pasado en el servicio militar de joven; una rutina que mantuvo y mantiene a día de hoy.
En los últimos meses su rasgos estaban siempre preocupados, una tenues pata de gallo comenzaban a aflorar alrededor de sus ojos. Sin duda, debido a las malas horas de sueño y a su preocupación.
―No deja de morir gente y la alarma social va In-crescendo ―ella se acercó y le dio un beso en los labios.
―Hoy es nuestro día, así que no quiero preocupaciones.
Dante tiró los recortes al suelo, tomó a su mujer por la cintura y la sentó en su regazo. Le dio un largo y profundo beso.
―¡Feliz aniversario! ―dijo mientras de su bolsillo sacaba una pequeña cajita.
―Gracias ―los ojos de Brisa se llenaron de lágrimas al ver la nueva alianza que rezaba “Siempre Juntos”, pues había perdido la suya varios meses antes―. Tu regalo esta en el garaje.
―¿Debo ir ahora? ―preguntó desganado―. Creo que ese regalo tendrá que esperar un poco.
Continuó el interrumpido beso. Un beso electrizante, capaz de sumir a Brisa en el más cálido de los sueños.
Ella acarició su fuerte mandíbula y él apretaba sus nalgas para acercarla más a su inflamada entrepierna.
―Oh, ¿tan temprano y ya quieres guerra? ―preguntó ella contra su boca, con un largo suspiró que denotaba lo mucho que deseaba aquella guerra.
―Ya sabes que mi soldado está siempre dispuesto.
La levantó en volandas y la tendió sobre la mesa. Brisa abrió sus largas piernas y él se acomodo entre esos muslos tan familiares para él.
De inmediato se bajó los pantalones e hizo lo propio con los de su esposa. Su miembro entró con astucia en aquella cueva húmeda y cálida que lo esperaba con hambre y pasión.
Después de 5 años de feliz matrimonio, Dante y Brisa no habían perdido ni un ápice de deseo; aún en las peores circunstancias eran capaces de hacer oídos sordos al resto del mundo y dedicarse por completo el uno al otro.

Al despertarse, Dante sentía un sudor frio corriendo por su cuerpo.
Sus anchos hombros estaban encogidos, las venas de sus brazos sobresalían, azules, a causa de sus puños crispados.
Se levantó sobresaltado de la cama, vio a su mujer tendida en ella, envuelta en las sabanas de color purpura.
Se frotó las sienes varias para así lograr disipar aquel sueño que lo perseguía noche tras noche desde hacía ya demasiado tiempo.
Esa anomalía que había encontrado fue la causante de su despido, pero ¿Por qué? No cesaba de hacerse esa maldita pregunta una y otra vez.
Ese virus no era algo corriente y las muertes que azotaban el mundo le parecían cuanto menos sospechosas. Cuanto más se empeñaban las autoridades en achacarlas al VIH, él más se convencía de que ahí había algo que olía mal.
Algo estaba pasando en el mundo, algo que se les escapaba al resto de los mortales; pero a él, hombre audaz y visionario no se le podía estar escapando.
Estuvo metido en ese virus durante tanto tiempo que incluso había descuidado a su mujer y ella le reprochaba su arduo trabajo. Al despedirlo sintió que el hallazgo de aquella anomalía no era algo casual y que lo que sus jefes buscaban era justamente eso.
¿Qué tenían que ver las muertes por VIH con aquel virus en el que había trabajado? Eso era algo que tendría que averiguar y debía emplearse a fondo en ello e intentar parar toda esa locura.
Decidió que lo mejor era llamar a su amigo Leonardo, que aun trabajaba en el laboratorio.
Hola, Tío ¿Cómo estás? le dijo la voz al otro lado del teléfono.
Bien, aunque un tanto aburrido. ¿Sabes? Me está costando horrores conseguir un trabajo medianamente decente. Incluso me propusieron trabajar en un laboratorio para unos traficantes su voz sonaba amarga; sabia que sus jefes se habían encargado de ese detallito.
Pues si con tu curriculum no consigues apaga y vámonos. Y bien ¿Qué andas necesitando para honrarme con tu llamada?
Necesito saber que tal avanzan con el nuevo virus y que sucedió con la anomalía.
Dan ¿aun con eso? preguntó preocupado su amigo. Lo llevan todo muy secreto, son pocos los privilegiados que tienen acceso a esa información. Sólo puedo decirte que… la anomalía no era eso, ellos sabían que estaba ahí.
¿Podrías averiguarme algo más?
Mira, están buscando una bioquímica para el caso. ¿Tu mujer sigue sin tener tu apellido ni estar empadronada contigo? Dante asintió al otro lado. Dile que presente el curriculum mañana a las nueve, estarán haciendo entrevistas.
Intentaré ayudarte en todo lo que pueda, pero sin ser un “privilegiado” la tarea es más que complicada.
Gracias, Leo. Te debo una.
¿Qué tal unas cervecitas esta noche?
Es mi aniversario. ¿Qué tal mañana? Donde siempre.
Ahí nos veremos, te llevaré lo que tengo y lo poco que sé.
Brisa se estaba desperezando cuando Dante cerró la tapa de su teléfono móvil. Lo miró con el ceño fruncido y él le esbozó una culposa sonrisa.
Quedamos en que nada de preocupaciones. ¿Otra vez ese sueño? se lo contaban todo y por supuesto ella estaba al corriente de aquel sueño. Ven acuéstate un rato más e intenta dormir.
Él se apoyó en su vientre, cerró los ojos y las imágenes comenzaron a pasar por su mente, una vez más.

“Dante estaba en el despacho, rodeado de tubos de ensayo y de colegas que trabajaban para él.
Sus jefes le habían traído a un hombre de contextura muy delgada con el cual poder experimentar, era su particular cobaya. A él no le hacía gracia experimentar con personas, pero en este caso el virus era inocuo y el individuo, voluntario.
Su cobaya estaba sentada leyendo en una especie de cubo de aislamiento. Hombros angostos, cara angulosa, ojos más bien pequeños. De unos ciento sesenta y un centímetros de alto y setenta kilos. Un hombre más bien enclenque.
No sabía muy bien porque sus jefes habían escogido alguien así, pero como era un voluntario y no era muchos los que se ofrecían para esta clase de experimentos n los que poco se sabe de sus efectos, sobre todo de los adversos.
Acércate al cristal que voy a inyectarte el virus le pidió amablemente a Roberto, su individuo de prueba.
Una aguja gruesa atravesó la pálida piel del hombre Puedes sentarte si quieres. Me iré a tomar un café y volveré en un par de minutos.
Tiró los guantes de látex en un pequeño cubo específico para ese material y dejó su impoluta bata blanca en su silla giratoria de escritorio.
Cogió un Philip Morris, una caja de cerillas y el teléfono para llamar a su mujer.
Salió por una puerta de emergencia.
No había llegado a encender su cigarrillo cuando uno de sus ayudantes salió en su busca. Estaba alterado y sus palabras se mezclaban al salir por su boca.
-Roberto… violento...Algo va mal.
Dante corrió al laboratorio con su teléfono en la mano, el cigarro cayó al suelo junto con las cerillas.
En el cubo aislado en el que se encontraba Roberto había marca de sangre, divisó al sujeto que caminaba de aquí hacia allí en su pequeño habitáculo. Daba golpes a los paneles de cristal blindado.
¿Qué sucede? ¿Te encuentras mal, Rober?
Un sonido gutural alió de aquel destartalado hombre. Algo había cambiado.
Sus ojos parecían desorbitados, al mirarlo fijamente notó como una ola de violencia salía por aquellas dos esmeraldas que hacia pocas horas eran acogedoras y luminiscentes. Ahora emanaban una hostilidad que daba escalofríos.
La gente corría aterrorizada.
Verónica. Llama urgentemente a Pizarro dijo a una de sus ayudantes. Y avisa también a Duran, por si acaso.
No transcurrieron ni quince minutos cuando la joven estaba allí con lo Pizarro y Duran.
No se qué ha ocurrido. Lo he inyectado y me iba a fumar un cigarro cuando Carrizo me fue a buscar. No habían pasado ni diez minutos y gracias si habían pasad cinco.
Duran y Pizarro intercambiaron unas cómplices miradas, breves asentimientos y se acercaron a Roberto.
 ¿Qué necesitas? preguntó la ronca voz de Claudio Duran, el jefe del DNV (Departamento de Nuevos Virus)
Sangre, necesito golpear y hacer sangrar. Tengo unas ganas feroces de tener sexo, necesito que laman mi pene e introducirlo en una húmeda vagina; luego deseo golpear a esa puta hasta matarla. Dios, quiero matarlos a todos su voz era gutural, como de otro mundo. Ese hombre no parecía Roberto.
No entiendo cómo pudo suceder algo así, tendré que seguir investigando.
No se preocupe, es algo normal.”

El grito de Dante despertó a Brisa, que acunó la cabeza de su marido entre sus manos.
Necesito pedirte un favor. Sé que será difícil para ti, pero sabrás lo importante que es para mí.
Ella hizo un breve silencio, levemente movió la cabeza hacia arriba y abajo.
Mañana a las nueve de la mañana tienes que llevar un curriculum al laboratorio. Están buscando una bioquímica…
Te has vuelto loco, estas perdiendo el norte… pero ¿sabes? ¿Qué clase de esposa seria si no te siguiera en esta locura? Al fin y al cabo algo raro debe ocurrir para que tú te obsesiones tanto.
Brisa Castro no llevaba el apellido de su marido, Prieto. Por cuestiones de seguridad así lo decidieron ambos. Él trabaja para peces muy gordos y quería mantener un absoluto anonimato hacia su mujer.
Nunca tuvo fotos de ella en su despacho ni en el laboratorio; nadie, salvo Leonardo, conocía a Brisa en persona. Sin duda, esta medidaextremadamente extrema de seguridad le era muy útil ahora.

¿Voy bien así? preguntó Brisa, mientras se pasaba las manos de manera nerviosa por su falda.
Tienes toda la pinta de una bioquímica, una muy sexy por cierto dijo a la vez que cernía sus grandes manos a la pequeña cintura de su mujer.

Curriculum en mano, impecable traje de Carolina Herrera y perfume de Kenzo. Su entrada a las oficinas del LGV (Laboratorio Gubernamental de Virología) causó recelo en la recepcionista, poca cosa comparada con esa elegante y joven mujer que acaba de entrar.
Brisa iba con paso decidido y firme, con una seguridad absoluta en sí misma y en su experiencia profesional.
Con diversos másteres, cursos avanzado, practicas, cursos de reciclaje y una amplia experiencia en el campo a pesar de su edad.
Quien recibió el curriculum se quedó asombrado, boquiabierto.
Espere un momento aquí, señorita Castro gracias a unos contactos que tenia Dante, ella aun constaba como soltera a ojos de la ley, aunque la misma la amparaba si a él le sucedía algo.
El joven, un becario, envió por fax el extenso curriculum de Castro. El teléfono sonó.
Inmediatamente, señor dijo con respeto.
Brisa no cesaba de mirar discretamente, aquel lugar.
Amplios ventanales de cristal dejaban entrar la luz solar. Ordenadores de última tecnología acompañaban a cada una de las personas que estaban allí.
Sin duda, esa era la parte que se enseñaba a todo el mundo. Ninguno de esos empleados tenía acceso a la parte donde los químicos, bioquímicos y farmacéuticos trabajaban arduamente.
Acompáñeme señorita Castro, por favor.
El becario le acompañó hasta una puerta de seguridad, en la cual debía poner su dedo índice y marcar una clave de acceso, tras eso la puerta se abrió, silenciosa.
Ella ingresó después de que el joven le estirara su mano, haciendo ademan para que entrara.
Un hombre de treinta años, corpulento, vigoroso y extremadamente guapo se acercó a ella con la mano extendida.
Carlos Pizarro, jefe del Laboratorio unos ojos marrones le demostraban hospitalidad a la bella Brisa.
Brisa Castro, para servirle dijo ella, estrechando su mano con la del Pizarro.
¿Puedo servirle un café o un té? preguntó él, a su vez se acercaba a una mesa camarera en la que diversas bebidas se rejuntaban con galletas y caramelos.
Café, gracias.
El hombre sirvió los cafés y acercó una cesta con galletas a su escritorio. Brisa se limitó a tomarse el café.
Aquella hospitalidad y la urgencia por verla hicieron pensar que tal vez habían descubierto su verdadera identidad, pero no podía estar más errada.
Llevamos tiempo buscando a alguien cualificado para el puesto y no dábamos con la persona idónea. Por eso al ver su curriculum mi ayudante me lo envió de inmediato ella había creído, erróneamente, que se trataba de un becario, pero una vez más se alejaba de estar en lo cierto. Por suerte y aun me encontraba en el despacho, no suelo estar a esta hora.
Su curriculum es impecable y goza de una experiencia impresionante. Sus referencias son excelentes. ¿Cuánto hace que esta inactiva?
Un par de meses, necesitaba un descanso y un cambio de aires dijo con soltura.
Se que es bastante precipitado, pero la necesitamos urgente. Me preguntaba si podría empezar mañana mismo.
Por supuesto no lo dudó ni un ápice, necesitaba que la tranquilidad volviera a reinar en su hogar y la única manera era ayudara a su marido a encontrar la pieza clave de su despido y de ese maldito virus.
Su salario será de setenta y dos mil euros anuales, más aparte tres pagas. Un mes y medio de vacaciones Brisa quedó consternada ante esa cifra. Las jornadas son largas y tiene que tener su teléfono siempre abierto y disponible. Los fines de semana los tiene libres, siempre y cuando no sea necesaria aquí.
Dispondrá de un equipo de tres personas a su cargo, ampliable en caso de que lo necesitará.
Pondremos un coche a su disposición y podrá solicitar una de nuestras casas cerca del complejo Brisa sabia que todas esas cosas buenas escondían una verdad, una condición que no sería buena ni del todo honesta, incluso, tal vez, ilegal; pero eso no lo sabría hasta pasado un tiempo. No le darían todas las llaves a la primera de cambios  Todo lo que vea, haga y diga será con una discreción sin precedentes, nadie en el exterior debe saber en qué trabaja ni dónde. El hombre sacó su blackberry.
Brisa echó un rápido vistazo al despacho. Estaba casi diáfano, sin duda, ese no era el lugar habitual donde trabajaba Pizarro.
Mi ayudante acaba de confirmar sus referencias y ha quedado impactado por lo bien que hablan de ustedes sus jefes y maestros.
Me gusta llevarme bien con todo el mundo y hacer mi trabajo lo mejor posible; si me encuentro incomoda por algo lo hago saber antes de que vaya a peor.
Usted y yo nos llevaremos bien. La espero mañana a esta misma hora aquí en mi despacho. Luego le haré un tour por las dependencias y la presentación a sus compañeros.
No me gusta ser ordinario, pero he de irme dijo Carlos arrastrando las silabas.
Mañana me tendrá aquí. Muchas gracias por esta oportunidad.
 A usted por aceptarla. A, casi se me olvida, mañana le presentaré el contrato para que lo firmemos.
Se acercó a ella, la acompañó hacia la puerta y le estrechó la mano.
Brisa salió del lugar con una sonrisa satisfecha, orgullosa. Su marido se pondría muy contento por ese logro común y ella estaba feliz de volver a trabajar, aunque fuera de esa manera.

5 comentarios:

  1. Esta re bueno Jud me encantaría leer mas :S bueno lo espero!! que estes bien.. Es un cambio rotundo pero muy acertado, porque sino seria siempre lo mismo. Me encanta que aplies tu horizontes, es muy inteligente de tu parte. Siempre me gustan tus relatos y con este me lleve una grata sorpresa y ovbio que me gustó... gracias por escribir :) yo escribo y no me animo a publicarlo, imaginate.

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  2. Muy bueno Judit!!!! nada que ver a lo que venias haciendo .. se puso muy interesante ..
    perdon por tardar en leerlo es que andubo con lios!! pero aca estoy como lo prometi!! ahora espero que vos hagas lo mismo con el mio!!!
    como siempre es un placer leerte!!!
    el cambio es muy notorioo!!! y es un avance!! muy buenooo!! besotes!! espero leer mas!!!

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  3. Hola preciosa =D

    ^^, me gustó el capítulo, la madre que esta largo, pero muy interesante. Admiro tu forma de escribir, con suavidad y elegancia. He de confesarte que deseaba leer otra cosa diferente. Así que si en algún caso lo sigues escribiendo, te apoyaré. Cuenta conmigo.. ^^

    Te mando un gran abrazo, con afecto Kathy.

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  4. Ay Jud que historia!!! ahora leo el segundo cap!! Te felicito! Quizas algunas de más, un par de palabras repetidas, pero esta muy escrito y la historia!! GENIA! VERO

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  5. Yo también dudaba! ¿No tiene sentido culpar al HIV por todo, o sea, estamos en un momento en el que casi es una enfermedad crónica...! Mmmmm! ese virus, debo confensar que me cuesta no pensar en teorías! =) Voy al segundo, Gracias de nuevo por regalarnos tu talento,

    Pabli

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